Cuando los automovilistas que circulan por la autopista Tucumán-Famaillá, a 800 metros del desvío que conecta con Lules, puede visualizar dos carteles que advierten que en caso de lluvia, es perentorio bajar la velocidad. Algunos metros más adelante, la ruta se pone resbaladiza por el agua que de las precipitaciones que se acumulan en un desnivel. Allí es donde los conductores suelen perder el control de los vehículos que terminan dando tumbos o estrellados contra el guardarrail o el puente del río Lules.
Lo saben la Policía y los médicos: una gran parte de los accidentes que ocurren en esa vía de comunicación suelen suceder en esa zona, donde incluso se puede perder el control en un día de sol por algunas imperfecciones del pavimento.
“Se atienden muchos casos de accidentes en esa zona. Hace dos semanas recibimos a dos personas que venían de allí: un hombre eviscerado, es decir con los órganos internos colgando por fuera del cuerpo, y otro con fuertes golpes en la cabeza”, señaló el doctor Roberto Barrionuevo, quien se encontraba a cargo de la guardia del Hospital Padilla.
En la guardia de ese nosocomio generalmente atiende a las personas que sufren heridas en ese lugar, por lo que sus médicos llevan un promedio de los accidentes en la zona. “Por semana llegan alrededor de cuatro o cinco accidentados en la autopista. Una buena cantidad de los pacientes que llegan de ese camino vienen de la zona que se encuentra antes del desvío a Lules. Son trasladados por las ambulancias de esa localidad y de Bella Vista”, agregó el médico.
Los profesionales del Hospital Padilla creen que la mayoría de los heridos que llegan para que sean atendidos se dan en el tramo Tucumán-Famaillá y son muy pocos los que se originan más al sur, en la Ruta 38.
Sin embargo, al parecer, pese a que cada vez hay más percances cerca del puente del río Lules, los choques y vuelcos están descendiendo en la autopista. “Ahora son muchos, pero antes se producían más. Durante el verano se calmó mucho. Esperamos que ahora con el regreso de las clases no crezca la cantidad de accidentados, pese a que ya hay más movimiento en la zona. Además, mucha gente se traslada a los ingenios”, aportó Barrionuevo.
Por las lesiones que ven los médicos, se puede aventurar que antes de llegar al puente que precede a la entrada de Lules, los automovilistas aprovechan el ancho de la vía para pisar el acelerador. LA GACETA recorrió la zona y pudo comprobar que tanto el guardarrail como el puente muestran señales de impactos violentos.
“Esa zona es peligrosa porque es muy veloz. Llegan muchos pacientes con hematomas subdurales, contusiones pulmonares y lesiones de bazo o hígado. Los golpes suelen darse en el pecho y en la zona abdominal. También en la cabeza”, concluyó el médico del Hospital Padilla.
“No se ve a simple vista”
La comisaría de Lules es la dependencia que actúa cada vez que se produce un percance en el lugar. Los efectivos de allí conocen bien el problema. “Son comunes en días lluviosos. En la zona del carril rápido se hace un ojo de agua que los conductores no suelen notar a simple vista. Unos 100 metros antes de llegar al puente, sienten que pierden el control del vehículo. Ahí la mayoría comete un error de maniobra y frena, por lo que el automóvil se descontrola más y va a parar al puente o al guardarrail”, indicó un sargento que presta servicios en esa dependencia y pidió que no se publicara su nombre.
La plaza de Lules es testigo de los saldos de los accidentes que allí se producen. Frente al paseo se ubica la comisaría y a un costado se amontonan los automóviles secuestrados para peritajes.
“De 10 autos que tenemos ahí parados, cinco son por accidentes en esa zona. No es fácil de notar el desnivel que presenta el carril rápido, es necesario que lo arreglen. Algunos tienen suerte y pierden el control pero sólo derrapan. Otros vienen a parar acá. Incluso tenemos en la comisaría un Mercedes Benz y un Citroen, autos de alta gama que tienen mecanismos para que los neumáticos se peguen al asfalto y así no perder el control, que se accidentaron ahí”, agregó el suboficial.
Por su parte, el jefe de la Unidad Regional Oeste, el comisario Roque González, señaló que por el momento sólo hubo daños materiales en los choques que ocurrieron en las proximidades del puente. “Se pincharon cubiertas y se rompieron frentes, pero no tenemos víctimas mortales. Para evitarlas, es necesario hacer caso a las señales de advertencia que hay en el camino y también escuchar las recomendaciones de las personas que realizan tareas preventivas. El resto de la autopista está impecable. No tiene hundimientos ni desniveles. No soy un especialista pero la transito todos los días”, concluyó.
PUNTO DE VISTA
"Mantener la tranquilidad y no pisar el freno"
Juan José Gil De Marchi - piloto profesional
Conozco bien la autopista. Es una ruta que está muy marcada, ya que pasó mucho tiempo desde que fue asfaltada. Por eso tiene las huellas de los vehículos pesados y allí queda el agua
Siempre hay que tratar de salir de la huella. Moverse un poquito hacia el lado de la banquina, sin salir de la ruta, o hacia el centro, pero salir de esa marcar.
Además, siempre hay que transitar con precaución, por más que se trate de una vía de una sola mano. Bajar la velocidad cuando llueve es lo lógico, siempre hay que hacerlo. Al lidiar con agua siempre es preferible prevenir, ya que cuando se pierde el control del auto en un piso mojado es muy difícil recobrarlo y el auto ya no depende de uno.
Muchas veces el vehículo queda patinando. Tocar el freno es lo peor que se puede hacer. Es una reacción instantánea, pero es la peor. Hay que acelerarlo un poquito y maniobrar con el volante. Mucho tiene que ver en esto la tracción. Si es delantera, lo mejor es acelerar cuando se pierde el control. Las ruedas manejan todo, ellas mandan. Hay que pisar un poquito, no mucho, el acelerador, aunque uno se vaya a la banquina. Mientras se toma con firmeza el volante. Cuando es trasera, es complicado. Hay que jugar con la reacción del auto. Por eso es mejor prevenir.
Siempre es bueno controlar los frenos periódicamente y calibrar las gomas, tenerlas al mismo punto a las cuatro. Mucha gente no le da importancia a esto y a la hora de una maniobra brusca vale mucho.
A la hora de salir a la ruta o de hacerlo en la calle de nuestra ciudad es esencial ponerse el cinturón de seguridad. Nosotros los pilotos lo hacemos siempre. Llega un momento, después de repetirlo miles de veces termina haciéndose costumbre. Por eso insistimos en que hay que hay que hacerlo siempre.